Generalmente, la contaminación del
agua se produce a través de la introducción directa o indirecta en los
acuíferos o cauces de agua (ríos, mares, lagos, etc) de diversas sustancias que
pueden ser consideradas como contaminantes. Existen dos formas principales de
contaminación del agua: Una de ellas tiene que ver con su ciclo natural,
durante el que puede entrar en contacto con ciertos constituyentes
contaminantes (como sustancias minerales y orgánicas disueltas o en suspensión)
que existen en la corteza terrestre, la atmósfera y en las aguas.
Pero el otro tipo de contaminación
del agua -que tiende a ser la más importante y perjudicial- es aquella que
tiene especial relación con la acción del ser humano. Aquí se abre un amplio
abanico de causas. Entre las más habituales podemos mencionar: el vertido de
sustancias tóxicas residuales de los procesos industriales, que son arrojados a
ríos y lagos.
La contaminación derivada del uso
de pesticidas, fertilizantes y otros químicos en la agricultura que se escurren
desde el suelo hacia acuíferos subterráneos o a otras fuentes de agua.
La basura que es arrojada en las
costas y que es arrastrada por los cursos del agua, tal como en el caso de los
gigantescos parches de basura en los océanos, formadas con desperdicios que
tardan cientos o miles de años en degradarse.
El uso de combustibles
contaminantes en embarcaciones, que muchas veces van a parar al mar como
resultado de la limpieza de las embarcaciones, o bien como consecuencia de
accidentes.
El vertido de las aguas residuales
provenientes del sistema de aguas de las ciudades.
Actualmente, se lleva a cabo un
control de la contaminación del agua por parte de la administración, y se
obliga a las empresas contaminantes a depurar el agua desechada.
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